jueves, 23 de marzo de 2017

EL VÓRTICE DEL BEISBOL CUBANO

En el vórtice del Béisbol Cubano (I)



La verdad no es verdad sin demostrarse.
(Proverbio chino).


Por Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga                          


La reciente actuación de Cuba en el IV Clásico Mundial ha hecho reflexionar a todo el país. Algunos pedían más, otros se conformaban con menos, ninguno deseaba perder, al menos quienes llevan la sangre criolla en las venas. Y duele, duele mucho ver caer a nuestros muchachos por marcadores abultados sin la sombra de lo que alguna vez fueron. Pero en verdad, ¿lo fueron?, ¿cómo probarlo de manera objetiva?

   No soy dado a meter la “cuchareta” donde tantos expertos se hacen y deshacen tratando de profundizar en un fenómeno que, al parecer, está a la luz, pero solo a una luz aparente, que no es lo mismo ni se escribe igual. La vida es un torbellino y la pelota no le es ajena.

   Mi generación creció en la admiración por la pelota profesional. También estábamos al tanto de las promocionadas Grandes Ligas. Se oían y veían las mismas discusiones. Ayer, que si Héctor Rodríguez era el mejor antesalista o Willie Miranda el mejor torpedero. Hoy, que si Casanova fue mejor que Víctor Mesa o el mismísimo Linares, o si Pedro Luis Lazo tiraba más duro que Vinent. La gente cree saber tanto como los managers.

   Asistí con mi familia y solo catorce años de edad, al último juego de la Liga Profesional Cubana en el Gran Stadium de La Habana, hoy Latinoamericano. 



Simpatizábamos con los Leones del HABANA, pero aquella noche le íbamos a los Elefantes del CIENFUEGOS, que discutían el banderín contra los Alacranes del ALMENDARES. Ni por la mente nos pasaba que Pedrito Ramos, quien lució inmenso aquella noche invernal, donde conectó hasta un largo triple, no volvería a jugar en Cuba. Ni los demás.

La totalidad de los nativos que pertenecían al Béisbol Organizado de los Estados Unidos desde 1947 mediante un polémico Pacto, tenían su fuente principal de ingresos allí. Desde entonces la pelota profesional nuestra era una sucursal de aquella. Los jugadores estaban atados de pies y manos a sus dueños. Ellos querían que los torneos siguieran como siempre, pero no pudieron mantenerse por los condicionamientos económicos y políticos entre los Estados Unidos y Cuba.

Cuando llegó el momento, los nacidos en la Isla tuvieron que decidirse: seguían jugando por dinero fuera de Cuba, o no competían ni dentro ni fuera, y sin tantos billetes. La mayoría, sobre todo los que competían en Grandes Ligas, se decidieron por lo primero, desdeñaron las nuevas alamedas de un país en revolución.    



Nos quedamos sin aquellos ídolos. La importancia del asunto amerita profundizar más, ya que en las últimas seis décadas se han producido todo tipo de enfrentamientos. Se cuentan por centenares las víctimas fatales del lado de acá. De tal suerte, el deporte nacional de ambas naciones no pudo ser una excepción. Filosofías diametralmente opuestas.

Los norteamericanos inventaron el béisbol utilizando raíces que les fueron afines y nosotros las tomamos de ellos, pero con el tiempo nos la apropiamos. Antes de 1959 existía un maridaje perfecto entre ambas naciones, por todo el país se competía en varias ligas amateurs, con la profesional en la cumbre.  
  
En “Siempre hemos bateado bolas pegadas” , Elio Menéndez expone cómo en el temprano julio de 1960, Frank Shauganessy, presidente de la Liga Internacional, clasificación Triple A, anunció el traslado de los CUBAN SUGAR KINGS, hacia la ciudad de New Jersey, para convertirse en el NEW JERSEY JERSEYS; así despojó a Cuba de su sede natural desde 1954. Los CUBANS allí nos representaban con el propósito expreso de ser el primer equipo latino en Grandes Ligas, con el slogan “Un paso más y llegamos”. El paso estaba dado.


En 1959, con la presencia de las máximas autoridades de la Revolución, los CUBANS habían ganado la Pequeña Serie Mundial en el Coloso del Cerro, como popularmente se conocía la instalación, y se pusieron a la cabeza de las Ligas Menores. Para algunos fue una coincidencia que se anunciara el traslado del equipo hacia New Jersey, solo cuarenta y ocho horas después que el presidente Eisenhower decretara la suspensión de la cuota azucarera cubana, que alcanzaba las 700 000 toneladas. Varias medidas tomó la Revolución como respuesta. Era evidente que Shauganessy firmó una orden tomada en otras esferas. Sanciones duras contra los cubanos, que vivían del azúcar y para la pelota.

Según diversas fuentes, días antes de la decisión, Ford Fricks, comisionado de las Grandes Ligas, fue llamado a consulta por su gobierno, donde se le ordenó ejecutar la acción, con el pueril pretexto de que los jugadores norteamericanos ponían en peligro sus vidas, por la “inestabilidad política” de Cuba. En realidad, nunca hubieran estado más seguros. Los CUBAN SUGAR KINGS también se vestían con el nombre de CUBANOS.



La popularidad de la Liga Profesional Cubana había decaído un tanto a partir del Pacto de 1947. Allí se desempeñaban peloteros de otros países, esencialmente norteamericanos, quienes por el mismo mandato se vieron imposibilitados de viajar a la Isla para el torneo 1960-1961, en violación de los acuerdos establecidos. Los aficionados tendrían que abstenerse de ver a Rocky Nelson, inicialista zurdo del ALMENDARES, el camarero Forrest Jacobs y a tantos otros. Nelson, el lanzador Tom Lasorda y otros extranjeros, compartieron con las tropas rebeldes en los primeros días de 1959.           
                                  
Por aquellos años Cuba tenía veintisiete jugadores en las MLB (Major Leagues Baseball) y centenares en las Menores, cantidad solo superada por los norteamericanos. Aquel engendro pretendió ir más lejos al intentar prohibir a los cubanos que compitieran en su patria, hasta fueron amenazados con ser suspendidos en aquel circuito mayor.

Como respuesta hubo una actitud firme de todos los jugadores en activo, quienes sin excepción, regresaron al país para desempeñarse en el Campeonato Profesional 1960-1961. 



Fue así como, por la dialéctica de la vida, HABANA, ALMENDARES, CIENFUEGOS y MARIANAO volvieron a vestir sus franelas con jugadores autóctonos, lo que no sucedía desde 1907, pues a partir de allí siempre hubo, al menos, un extranjero en cada equipo. 

De esa forma, entre el 15 de noviembre de 1960 y el 15 de febrero de 1961, se desarrolló el último campeonato profesional, ganado por los Elefantes del CIENFUEGOS, en aquel choque final contra el ALMENDARES, donde Pedrito Ramos se impuso a Orlando Peña, 8 por 2.

Quizás no se haya valorado en su justa medida la actitud de quienes desafiaron al Béisbol Organizado, para volar hacia su país de origen y jugar, a pesar de la inconformidad de quienes los sostenían económicamente, hasta con amenazas de despidos. Fue más fuerte la sangre del caimán que la furia del águila.

Otra cosa fue la Serie del Caribe, suspendida por la ausencia de Cuba, a quien correspondía organizarla, ya que Fricks decidió cambiar la sede hacia Venezuela, sin la presencia de los cubanos. Al CIENFUEGOS campeón, que había ganado la Serie de 1960, se le prohibía representar a la Isla. 

La solidaridad de los venezolanos, al rechazar la sede ante un posible débil torneo sin la Mayor de las Antillas, dio al traste con el evento y Cuba salió con la frente en alto de aquellas competencias, hasta con el VILLA CLARA como invitado en el 2014.



Refresquemos la memoria. El 29 de enero de 1959, cuando presidía la Dirección General de Deportes el capitán del Ejército Rebelde, Felipe Guerra Matos, se desarrolló una entrevista donde participaron los principales atletas profesionales, junto a representantes de casi todos los organismos, el Comité Olímpico Cubano, la Unión Atlética de Amateurs de Cuba, y otros. 

Allí el Primer Ministro, Fidel Castro Ruz, delineó algunos postulados del futuro deporte. Pero era muy temprano para tomar una medida radical, primero había que quebrantar las estructuras que sostenían el deporte rentado, esencialmente en el boxeo y el béisbol.

Se aceleraba el camino hacia el deporte amateur-olímpico, a la vez que se buscaba el concurso de los atletas profesionales, quienes con sus experiencias podrían aportar un apoyo esencial. Pero no todos estaban aptos para tomar tan difícil decisión.

Después, como colofón de las contradicciones que se derivaron de las precarias relaciones entre Estados Unidos y Cuba, más la posición de fuerza de las autoridades beisboleras de aquel país, se convocó a una nueva y trascendental reunión en octubre de 1961, ya creado el INDER, con todos los profesionales, donde se les anunció la próxima puesta en práctica de una ley que eliminaría el deporte rentado. José Llanusa Gobel, presidente del INDER, hizo un llamado a los profesionales para que se incorporaran al deporte revolucionario.  



El lanzador Lázaro Rivero (Lacho), quien jugaba por ese entonces en México, ya fallecido, recordaba aquellos momentos: Fidel planteó que se iba a abolir el profesionalismo en Cuba, que todos los profesionales tendríamos trabajo asegurado. Muchos dijimos que teníamos que salir a cumplir contratos en el exterior, como yo que estaba jugando en México, pero regresaríamos para ayudar al desarrollo del deporte.

Esa fue mi última temporada como jugador. Otros estuvieron yendo y regresaban, hasta entrados los años sesenta, recuerdo a Orlando Leroux, Amado Ibáñez, Andrés Ayón y a Juan Delís. Yo tenía mi trabajo asegurado en el central ‘Mercedita’, de Cabañas, hoy ‘Sandino’, que ya no está activo. Comencé a trabajar ayudando a mi hermano, que atendía los deportes en la zona.

Recuerdo bien que en aquella reunión estaban Camilo Pascual, Pedrito Ramos, Miñoso, Miguel Fornieles, Amorós, Tony Taylor, Borrego Álvarez y otros de Grandes Ligas, que después no regresaron, porque tenían grandes contratos en los Estados Unidos”. 

Ante algunas imprecisiones, debido a la edad avanzada de los entrevistados, y después de hurgar con profundidad, acepté también las referencias de Pedro Almenares (poco después fallecido), ex jugador profesional del equipo HABANA, quien decidió colgar los spikes en plena y ascendente carrera, para echar su suerte con la nueva pelota amateur.
En enero de 1959 participamos en una reunión con Fidel en la Ciudad Deportiva, donde habló un buen rato sobre el nuevo deporte que se llevaría a cabo.

Después, en octubre de 1961, se nos convocó a una reunión, por parte de José Llanusa, director del INDER y otros dirigentes, a la que se incorporó el compañero Fidel. Nos pidieron que nos quedáramos en Cuba para ayudar a desarrollar la pelota, en una serie que se haría por provincias. Nos dieron tareas. A mí me correspondió pertenecer al grupo donde estaban Edmundo Amorós y otros. Nos fuimos a Oriente a captar talentos, por allá nos encontramos con Miguel Cuevas, Manuel Alarcón, Ángel Galiano y una buena parte de los que después serían estelares en las Series Nacionales...” .

 Posteriormente, con la Resolución 83-A/62, firmada por Llanusa el 19 de marzo de 1962, que proscribía el profesionalismo, se abolió la pelota rentada, que sedujo a los cubanos desde el lejano 1878. Vendrían melancolías, nostalgias y radicalizaciones, pero aquella realidad se transformó en otra.

 Era una situación compleja, atletas en plenitud de forma dejarían de competir. De la noche a la mañana se convertirían en entrenadores; tampoco obtendrían grandes sumas de dinero. La patria los reclamaba, pero allá tenían una vida cómoda. También las falsas noticias daban pocos meses de vida a la Revolución, algunos se dejaron envolver por la prensa. Vieron con escepticismo un triunfo político ante la potencia más grande del mundo, con mucha influencia en la cultura cubana, incluyendo el deporte de las bolas y los strikes.

El béisbol profesional, antes que eliminado, se había diluido al amparo del mismísimo Pacto de 1947, que se extinguió sin firmar papel alguno, tal y como se fueron a bolina las relaciones entre los dos países, que ahorita alcanzan las seis décadas. Así de cruda ha sido la intransigente realidad.

 Con los años he aprendido a ver la vida desde sus diferentes aristas. El hombre piensa como vive, no puede vivir como piensa, al decir de Carlos Marx. En su inmensa mayoría, aquellos jugadores eran de extracción humilde, pero sentían y abrazaban concepciones burguesas derivadas del dinero acumulado. La vida los puso en la encrucijada y optaron por continuar jugando allá. Entonces llegaron los nuevos tiempos para quienes quedaron en la patria.
(Continuará).

Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga.


Marzo de 2017.

martes, 21 de marzo de 2017

REMEMBRANZA: VENADOS DE MAZATLÁN

RECORDANDO A VENADOS DE MAZATLÁN…          

"A TIRO DE HIT”


Por Luis Carlos Joffroy.

Mazatlán ya se había convertido en nuestra segunda casa; al término de la feliz temporada 1992-1993 en dónde logramos el campeonato de liga, organizamos un viaje a la ciudad de Guadalajara ya iniciada la temporada de la Liga Mexicana de Verano; invitamos a un grupo de comunicadores de la prensa escrita, radio y televisión.

Nuestro interés también fue observar a algunos jugadores durante la serie entre los Diablos Rojos del México y los Charros de Jalisco. En aquel entonces Fernando Valenzuela jugaba para esa organización y que además con el México estaban nuestros firmados Miguel Ojeda, Francisco Círdova, Elmer Dessens, Miguel del Toro, Roberto “Metralleta” Ramírez que por cierto llegaron a jugar en grandes ligas, como también Francisco García Luna, Daniel Fernández, Eliseo Garzón, Armando Sánchez, Leo Moreno, Felipe Vázquez entre otros.

Además dicho “tour”  era con motivo de agradecer también a los medios de comunicación por su apoyo total e irrestricto durante la temporada pasada. Entre ellos viajaron un grupo de comunicadores y camarógrafos de la televisión del Grupo Pacífico.

Recuerdo que en ese grupo venía un “chamaquito” de escasos 20 años de edad, llamado Juan Ángel Ávila y que ahora es una realidad como cronista de radio y televisión y que en su momento estuvo trabajando para la organización de los Padres de San Diego. También el enorme cronista de radio José Ramón Flores, sin olvidar a la leyenda del periodismo deportivo Sr. Roberto Riveros, como también un grande, el periodista Sr. Cesar Ibáñez (QEPD).

NUEVA TEMPORADA 93-94


Para la edición 93-94, se repitió en el timón a Ramón “Diablo” Montoya; entre nuestros proyectos, nos dirigimos a San Luis Missouri para hablar con la gente de los Cardenales, ya que en ese momento había muy buena relación entre el Grupo Modelo y la Cervecera Busch que distribuía la Cerveza Corona en los Estados Unidos, como la Busch es dueña del equipo de los Cardenales, fue en ese momento cuando el Ing. Hermilo Díaz Bringas, presidente del Club Venados,  giró instrucciones para que nos acompañara en el viaje el Sr. Ignacio Pérez, jefe de Relaciones Públicas.

Al arribar a San Luis, fuimos atendidos cordialmente por el Gerente General Mr. Dale Maxvill, que en su momento fue short stop de los Cardenales entre los 60 y 70”, instruyendo a Mike Jorgenson ( que también fue manejador del equipo), para que nos diera toda clase de facilidades y ahí mismo nos entregó gafetes especiales para tener acceso al terreno de juego previo al partido y por supuesto que nos dimos vuelo saludando a cada “caballon”, como Ossie Smith, Gregg Jefferies, Bernard Gilkey, Ray Lankford, Tom Pagnazzi, Todd Zeile entre otros, un agasajo rodeado de tanto big-leaguer. 

Estuvimos trabajando en San Luis por 3 días.


Dale Maxville nos recomendó visitar sus sucursales de Lousville y Arkansas, triple A y Doble A respectivamente, todo esto antes de tomar alguna decisión, ya que traíamos nombres de su organización en la lista, en otras palabras nos dieron “vía libre” para la contratación que ya eso no se da, eran otros tiempos.

A los días ya nos esperaban en el aeropuerto gente del equipo de Lousville, nos llevaron al hotel y usamos reservaciones por cortesía de Cardenales. Fuimos atendidos por el Gerente, vimos algunos jugadores de hecho recomendados por el mismo, nos estuvimos tres días levantando suficiente información y obviamente checando a los jugadores que traíamos en el “pool”.

Mr. VALENTINE…FUERA DE SERIE…

Mr. Bill Valentine era el propietario del equipo de Arkansas Travelers; umpire de Grandes Ligas por 6 años y en los últimos 28 propietario y Gerente General del Club, clasificación Doble A.

El carismático Valentine nos llevó inmediatamente al clubhouse; nos presentó a todos los jugadores y les dijo: “Hoy tienen que jugar mejor que nunca, los van a estar observando”, ¿Quién quiere ir a México?....Todos aplaudieron, se veía que lo querían.


En esa reunión conocimos entre otros, a Dimitri Young, novato de escasos 20 años y que era un prospecto muy interesante para Cardenales, pero su problema siempre fue que no tenía posición y su peso, lo traían en la tercera, primera etc. Al pasar el tiempo participó con Naranjeros de Hermosillo.

Valentine nos llevó a conocer las instalaciones hasta el último rincón del estadio, nos invitó a la cabina de radio para una entrevista; siempre con nosotros llevando la batuta…..Un tipazo…

Después del juego nos invitó a cenar comida italiana, todo mundo lo saludaba, era muy popular. Salimos a conocer la ciudad, era ya la una de la mañana y seguía feliz con nosotros, al rato le dije: “Bill, ya son las 2 de la mañana”, y nos contesta: …” los llevaré para que conozcan de pasada la casa donde nació Bill Clinton, para eso nos dieron las 3 de la mañana, y muy contento nos dijo, “ los invito a mi casa a tomar café, despertó a su señora, nos sirvió pastel, ahí no pasó nada: Noche muy turbulenta, pero esto es Beisbol…

POST-TEMPORADA SIN FINAL


 La base mexicana de Mazatlán era excelente, principalmente el departamento de lanzadores con Juan Manuel Palafox, Leo Moreno, Antonio Villarreal, Edgardo Saldaña, Daniel Garibay, Elmer Dessens, Francisco Cordova, Scott Frederickson, Miguel del Toro, Andrés Cruz, Ángel Moreno, Cesar Moreno, Salomé Barojas, Filiberto Martínez y el relevo corto Clint Davis. Entre él y Salomé y el realizaron tremendo trabajo.

Por cierto este joven marco gran interés para Cardenales y lo mandaron llamar al tener noticias por la gran temporada que estaba teniendo, argumentaron que lo tenían que enviar a una liga instruccional con un programa especial, por supuesto que no les creímos, era claro que Cardenales que Davis sufriera alguna lesión.
Fue una ausencia notable, se llevaron a un jugador clave en nuestro staff indudablemente, pero así es esto y seguirá siendo.

En nuestra ofensiva teníamos una lista muy consistente.

En esta edición de la Liga Mexicana del Pacífico se instituyó el sistema de “Repesca”, en la cual pasan 6 equipos a la post-temporada armándose 3 series; después pasa el mejor perdedor para definir a los 4 finalistas. Mazatlán fue el mejor equipo de la liga con 40-27 en ganados y perdidos, quedamos en tercer lugar en la primera vuelta atrás de Cd. Obregón y Navojoa, mientras que en la segunda ronda subimos un escalón sólo superados por Cañeros, sumamos 13 puntos, Los Mochis 12, Hermosillo 11 y Navojoa 11, Cd. Obregón 10 y Mexicali 8, quedando eliminados Culiacán y Guasave.

Pero en las series cortas todo puede suceder,  nos tocó abrir en Mexicali y para nuestra sorpresa los fronterizos nos eliminaron 4 juegos a 2, algo que les supo a venganza por la afrenta del año anterior cuando les ganamos los 3 juegos en fila en la serie por el campeonato….. Esto es Beisbol

www.joffroysports.com

domingo, 19 de marzo de 2017

1969: METS, CAMPEONES MUNDIALES

ESTRELLAS DEL BÉISBOL

LOS METS DE NEW YORK

(2da PARTE)


Por Héctor Barrios Fernández.

Los Cachorros aún con los jóvenes talentos de Santo y Williams, sumados al poder de Ernie Banks, no pudieron detener al fenómeno que fueron los Mets ese año. 

Joan Whitney Payson, la dueña de los Mets de New York, estaba muy encantada porque ella había logrado un trato para la trasmisión de los juegos de los Mets, con una estación de radio que podía escucharse hasta su casa de verano en Maine. Celebridades como Jacqueline y Aristóteles Onasis comenzaron a asistir al estadio Shea.

El 10 de septiembre, a las 10:13 de la noche, tiempo del este de los Estados Unidos, los Cachorros cayeron al segundo lugar y los Mets se adueñaron del primer sitio. Las cosas estaban yendo muy bien para los Mets hasta que Steve Carlton de los Cardenales ponchó a 19 de ellos durante el juego del 16 de septiembre, aun así New York ganó el partido 4-3, con un par de home runs de Ron Swoboda. 

Los Mets aseguraron el título de su división el 24 de septiembre y después del juego el manager Gil Hodges trató de explicar la temporada a los aún incrédulos reporteros. 


Cuando sus jugadores celebraban atrás de la siguiente puerta, Hodges hablaba pacientemente acerca del buen pitcheo, buena defensa, confianza, ímpetu y confianza en sí mismos. 

Entonces alguien preguntó, “¿Gil cómo fue que  sucedió todo esto?” “Explícanos cómo pasó todo”. Hodges se echó para atrás en su silla y dijo, “Esto no puede pasar.” Entonces se echó a reír.

Los Mets barrieron a los Bravos en el primer play off, mientras en la Liga Americana, los Orioles barrieron a los Mellizos. 

Por esos días el pueblo estadounidense y todos los aficionados al béisbol, habían adoptado a los Mets y los Orioles estaban un poco resentidos por eso que el equipo de New York estaba consiguiendo. 

En el vestidor de los Orioles, después de haber ganado su tercer juego de la serie play off, el jardinero de Baltimore Frank Robinson dijo: “¡Ahora sí, que me traigan a ese tal Ron Gaspar!” –refiriéndose al débil bateador y jardinero de los Mets, Rod Gaspar.
Uno de los compañeros de equipo de Robinson lo corrigió. “¡No es Ron, Rod estúpido!” “Está bien” dijo Robinson. “Traigan a Rod Estúpido”.


Durante el primer juego de la Serie Mundial en Baltimore, los Mets trajeron a Rod Gaspar, perdiendo 4-1 con dos en base y dos outs en la pizarra en el séptimo inning, pero todo lo que él pudo hacer fue conectar un débil machuconcito por un lado del pitcher Oriol Mike Cuéllar, al que Brooks Robinson hizo un espectacular manejo y a mano limpia cuchareó la pelota y con un tiro espectacular a primera lo sacó out. 

Los Orioles se adjudicaron el primer juego, 4-1, batiendo a Tom Seaver y quitando un poco de euforia a la Metmanía.

Aunque al siguiente día Jerry Koosman y Dave McNally se trenzaron en duelo de pitcheo y hasta el octavo inning, cada uno había permitido solamente una carrera. En la primera parte del noveno, los Mets anotaron una después de dos outs, Ed Charles, Jerry Grote y Al Weis, conectaron sencillos, Weis un infielder no conocido por su bateo. 

En el cierre del inning, Koosman retiró a los primeros dos Orioles, pero dio bases a Frank Robinson y a Boog Powell, entonces vino Ron Taylor al relevo. Taylor obligó a Brooks Robinson a roletear por tercera para el tercer y último out del encuentro, dando a los Mets una victoria de 2-1 y emparejar la serie.


Con la serie trasladándose a New York, los Orioles parecían tener ventaja con Jim Palmer en la loma contra Gary Gentry. Pero Agee conctó un cuadrangular abriendo el juego e hizo dos espectaculares atrapadas y los Mets ganaron el tercero de la serie 5 carreras a cero. Gentry el pitcher ganador con relevo de Nolan Ryan. 

El escenario estaba puesto para uno de los más emocionantes y controversiales juegos en la historia de las series.

De nuevo Seaver contra Cuéllar, pero esta vez, Seaver fue más cuidadoso y llegó ganando 1-0 hasta el noveno inning, todo gracias a que Don Clendenon conectara un cuadrangular solitario en el segundo inning. 

Con un out en el noveno, Frank Robinson conectó un sencillo al izquierdo, enseguida Boog Powell lo envió a tercera con otro del mismo calibre. 

Entonces Brooks Robinson disparó una línea por rumbos del central derecho que parecía picar de hit. Pero Ron Swoboda apareció de la nada y con su cuerpo en el aire completamente extendido, atrapó la pelota con la punta del guante y su cabeza se golpeó con el terreno. Aunque la carrera del empate se anotó, Swoboda había salvado el juego con la que muchas personas aún describen como la jugada más espectacular en juegos de post temporada. Habría que revisar también la de Willie Mays y la de Sandy Amoros.


Seaver lanzó el décimo. Con un out en la pizarra, en el cierre del décimo, el jardinero izquierdo de los Orioles, Don Buford, perdió un corto elevado en el sol y Jerry Grote se anotó un hit doble, gracias al astro rey. Gaspar vino a correr por Grote y Harrelson recibió base. 

Para esas alturas del partido el coach Billy Hunter, estaba manejando los destinos de los Orioles, ya que Earl Weaver había sido expulsado en el tercer inning. Trajo a Pete Richert a lanzarle a A. J. Martin, quien estaba bateando de emergente por Tom Seaver. 

La rueda de la fortuna estaba haciendo su trabajo. 

Las fichas se estaban moviendo y cada manager meneaba el árbol a ver si le caía algún fruto. Martin dejó un toque de sacrificio y Pete Richert llegó a la pelota antes que el cátcher. Tiró a primera, muy pegado al corredor y golpeó a Martin en el hombro. La pelota fue a dar por los rumbos del jardín derecho, Gaspar -Rod Estúpido- saltó sobre el plato con la carrera del triunfo.

Los Orioles tomaron una ventaja de 3-0 sobre Jerry Koosman en el quinto juego, gracias a un cuadrangular de dos carreras del mismo pitcher Dave McNally, (aún no existía eso del bateador designado) y otro solitario de Frank Robinson. 

Pero los Mets se beneficiaron de dos jugadas en las que tuvieron que ver los bateadores. En el sexto, un lanzamiento golpeó el muslo de Robinson, pero el umpire Lou DiMuro dijo que la pelota había golpeado primero el bat, enseguida Robinson fue ponchado.

Al cierre del mismo inning, una pitcheada golpeó a Cleon Jones en el pie y de nuevo DiMuro no lo vio así. Pero el manager de los Mets, Gil Hodges salió del dugout y le pidió al umpire que buscara en la pelota crema de zapato. 

Allí estaba precisamente la pelota con un manchón negro, producido con la tinta del spike de Jones, por lo tanto DiMuro lo mandó a primera base producto del golpe recibido. Don Clendenon siguió con home run que trajo a los Mets a ponerse a tan sólo una carrera abajo. 

Weis, con solamente dos cuadrangulares en toda la temporada, se destapó con otro home run para empatar el encuentro (Me recuerda a Sergio Hugo Vizcarra contra Jaime Orozco). Los Orioles fueron dominados en el octavo, y los Mets se fueron adelante en el marcador por 5-3. Koosman caminó al peligroso Frank Robinson al comenzar el noveno. 

Entonces Powell lo entregó en segunda en una jugada de bola ocupada, Brooks Robinson elevó al jardín derecho y Davey Johnson, quien 17 años después llevaría a los Mets a ganar otra Serie Mundial, elevó al jardín izquierdo en donde sin problema atrapó Cleon Jones.



El 16 de octubre de 1969 a las 3:14 p. m. hora del este de los Estados Unidos, los Mets se proclamaron Campeones Mundiales. Según se acostumbra a llamar a los que ganan esta serie anual. Los aficionados desgarraron el pasto del estadio Shea, Casey Stangel bajó de su butaca para abrazar a Hodges, la Sra. Payson lloró y un aficionado levantaba un letrero en el que se leía: “No hay palabras.”

                                                              

viernes, 17 de marzo de 2017

LOS MILAGROSOS METS DEL 69

ESTRELLAS DEL BÉISBOL

(1ra PARTE)

Por Héctor Barrios Fernández.


En 1968 los Mets de New York terminaron en noveno lugar de la Liga Nacional, un alentador signo para ellos, pero con una semana para terminar la temporada, su manager, Gil Hodges, sufrió un ataque al corazón.

Los Mets y Hodges estuvieron haciendo recuentos un poco más de lo acostumbrado durante la primavera de 1969. Aunque estaban 100 a 1 en contra para ganar la serie mundial, los Mets impresionaron a un observador que los miraba no de tan lejos, ese era Casey Stangel. “Este equipo puede ir muy lejos hacia arriba,” dijo.

Los Mets tenían algunos buenos jóvenes brazos: Tom Seaver, Jerry Koosman, Nolan Ryan y Tug McGraw, cada uno de ellos tendría fructíferas carreras. Tenían además a Jerry Grote como cátcher quien era tan bueno a la defensiva que Johnny Bench una vez dijo: Si nosotros estuviéramos en el mismo equipo, yo jugaría tercera”.


Tenían a dos viejos amigos en el outfield, ambos de Mobile, Alabama, Tommie Age y Cleon Jones, también a un excepcional parador en corto, Bud Harrelson. Pero muchas personas pensaban que los Mets no tenían suficiente ofensiva como para derrotar a los Cardenales o a los Cachorros.

Por supuesto 1969 fue el año en que el hombre llegó a la luna y en el banderín de ganadores de los Mets ese año decía: “Un pequeño paso para Hodges y un gran salto para los Mets”.

Los Mets fueron tomados realmente en serio hasta el 9 de julio de ese año, cuando Seaver lanzaba un juego perfecto hasta el noveno inning contra los Cachorros, sólo para que un oscuro jugador llamado Jimmy Qualls, después de un out le conectara sencillo.


Seaver llamó a este juego su “juego imperfecto”. Pero esto llevó a los Mets a colocarse a tres juegos atrás de los Cachorros. Harrelson en ese tiempo servía al ejército de reserva y estaba viendo el juego junto con algunos compañeros en un restaurante en Watertown, N. Y.

 “Fue la cosa más extraña” dijo Harrelson. “Cada vez más y más comencé a sentirme como un muchachito y quería decirles a los otros, ‘yo conozco a Tom Seaver. Tom Seaver es mi amigo”.

Seaver fue la materialización del milagro de los Mets. Tuvo un increíble éxito en el montículo, pero su más grande contribución al equipo, pudo haber sido su actitud. Nunca pensó en perder. Fue muy divertido y los Mets comenzaron a jugar mejor y mejor bajo su liderazgo.

Hijo de un jugador de golf, Seaver creció rodeado de comodidades en el valle de San Joaquín en California. Después de terminar la escuela secundaria, decidió inscribirse a los Marines donde maduró físicamente.


Tom Seaver

Estando en la Universidad del Sur de California, firmó con la organización de los Bravos de Atlanta, pero la firma fue invalidada por cuestiones técnicas y los Mets lo ganaron en un sorteo.

En 1967, su primera temporada, ganó 16 juegos y fue apodado Tom Terrific, Tom el Perfecto. Esa temporada los Mets ganaron 61 juegos y perdieron 101, quedando como acostumbraban quedar en el standing final, en décimo lugar de diez equipos, solamente un año antes en 1966 habían quedado en noveno lugar.

En el milagroso año de 1969, Tom ganó 25 juegos y de paso el trofeo Cy Young como el mejor lanzador de la Liga Nacional. Se retiró del juego 17 años más tarde ganado 311 juegos en su carrera.



En contraste a su actitud en el montículo, Seaver siempre tenía una gran sonrisa cuando se encontraba en el vestidor, “cuando Seaver se ríe,” decía el cronista Lindsay Nelson, “el hace que los perros lloren”.

Pero Tom también se vestía muy a la moda, le gustaba el jazz, tomar vino, además es un hombre que no fácilmente olvida los desaires. Seaver y su esposa Nancy, estuvieron muy molestos cuando no ganó el premio Cy Young en 1971 y ellos llamaron a su gato con el nombre del lanzador que lo ganó, sólo para que siempre fueran recordados.   

Los más grandes competidores de los Mets de 1969 fueron los Cachorros de Chicago y su manager fue Leo Durocher. Durocher aún tenía algo de sus una vez brillantes facultades y había retenido su famosa irritabilidad.



Durocher fue particularmente brutal con los jugadores de la banca. En una ocasión mandó a un jugador a batear de emergente y el mismo Leo se estuvo burlando de su jugador, diciendo que era un inútil que no podía batear y no podía correr, que no sabía por qué lo tenía en su equipo. Después envió a Ted Savage a tomar turno al bat como emergente y éste se negó a salir y dijo: “¿Por qué debería de hacerlo, sólo para ser tema de tu abuso?”.

Los Cachorros de Durocher fueron un buen equipo, de hecho, los mejores Cachorros en 30 años. Ernie Banks estaba finalizando su carrera en la primera base, pero el tercera base Ron Santo y el jardinero izquierdo Billy Williams estaban en plenitud de sus carreras y Ferguson Jenkins fue un lanzador maravilloso.

Santo y Williams fueron producto del sistema de los Cachorros. Santo recordó que en las ligas menores Roger Hornsby fue su instructor de bateo y en una ocasión los sentó en fila en las gradas, uno por uno Hornsby fue recorriendo la fila, haciéndole comentarios a los jugadores tan crudos como: “Tú mejor regresa a limpiar zapatos, porque no puedes batear”. Fue eliminando un prospecto tras otro y Santo le susurra al oído a Williams, “Si me dice eso a mí, creo que voy a llorar”.


Hornsby se acercó a Williams y le dijo, “Tú puedes batear en las grandes ligas ahora mismo.” Luego se volteó a Santo y dijo, “Y tú también.”  (Continuará…)

jueves, 16 de marzo de 2017

GRAN MOMENTO DE LA PELOTA BORICUA

El béisbol boricua se encuentra en su mejor momento de la historia reciente

Por David Venn / LasMayores.com


SAN DIEGO - Después de varios años para el olvido dentro y fuera de la Isla del Encanto, el béisbol puertorriqueño se encuentra en uno de sus mejores momentos de la historia reciente.

Con jóvenes estelares como Francisco Lindor, Carlos Correa y Javier Báez destacándose en las Grandes Ligas-y en el Clásico Mundial 2017-Puerto Rico ha vuelto a aportar talento de lujo al mejor béisbol. 

A nivel colectivo, los Criollos de Caguas conquistaron el mes pasado el primer título de la Serie del Caribe para los boricuas en 17 años. Y por supuesto, los dirigidos por Edwin Rodríguez llevan 4-0 en lo que va de este Clásico, luego de ser subcampeón hace cuatro años.

"Esto es como un sueño hecho realidad", dijo el gerente general de la selección puertorriqueña, Alex Cora-quien también fue arquitecto de los Criollos campeones en la liga invernal de Puerto Rico y Culiacán 2017.


"Estos días se habían visualizado por el último año y medio, desde que cuando me nombraron gerente general del equipo de Puerto Rico.

"Ver la manera en que los muchachos han jugado, de verdad es increíble lo que está sucediendo en Puerto Rico. Hemos paralizado el país y con todas las cosas negativas que están sucediendo, tenemos cosas positivas ahora mismo. Estamos bien entusiasmados y espero que podamos hacer esto por una semana más".

LA ENERGÍA Y LA CALIDAD DE LA JUVENTUD

Lindor, Báez y Correa han brillando en Grandes Ligas con los Indos, Cachorros y Astros, respectivamente. Con la selección boricua, el trío se ha destacado tanto a la defensa en el cuadro interior como al bate en este Clásico Mundial. Y más allá del desempeño y los números, se nota la alegría con la que hacen cada cosa en el terreno.


 "Todos estamos en la misma página", dijo Correa, de tan sólo 22 años de edad. "Todos quieren ganar; Francisco, Javier, (Carlos) Beltrán, (Yadier) Molina. Todo el mundo está en la misma página y obviamente eso lo hace más divertido.

"Hasta ahora creo que lo estamos haciendo muy bien y esperamos poder seguir haciéndolo. Estamos bien unidos. La atmósfera en el clubhouse es algo increíble".

VETERANÍA CLAVE EN LA SELECCIÓN


Los dos líderes indiscutibles del equipo puertorriqueño son Molina y Beltrán, dos veteranos no sólo de Grandes Ligas, sino de la selección en Clásicos. Según Rodríguez, el dúo ha dado el ejemplo en cada momento.

"Cuando tienes un Yadier Molina, un Carlos Beltrán, que son consistentes con su mensaje, los muchachos captan el mensaje", expresó el capataz. "Lo han estado haciendo desde (los entrenamientos de la selección) en Arizona. Esa es la clave".

Ahora con su récord de 1-0 en el Grupo F luego de la victoria sobre Dominicana el martes, la meta es llegar a la ronda de campeonato en Los Angeles la próxima semana y dar ese último paso que le faltó hace cuatro años.


De ser así, serían dos coronas en espacio en un mes y medio para el béisbol boricua.


"Sabemos que los muchachos quieren darle el máximo y yo confío en ellos, en ese grupo que tenemos, bien unido", manifestó José Molina, hermano mayor de Yadier, ex receptor de Grandes Ligas y coach del equipo de Puerto Rico en este Clásico. "Para eso es este evento, unir a tu país, seres humanos y naciones. Creo que nosotros lo estamos haciendo".

miércoles, 15 de marzo de 2017

JOSHUA GIBSON

ESTRELLAS DEL BÉISBOL

POR LOS RUMBOS DE COOPERSTOWN Y MÉXICO.

(7ma PARTE)



Por Héctor Barrios Fernández.

Posiblemente el jugador de poder más conocido en la Liga Negra era y sigue siendo Josh Gibson, la cantidad y la frecuencia de sus home runs no pueden de ninguna manera ser ignorados.

Joshua Gibson nació el 21 de diciembre de 1911 en Buena Vista, Georgia, falleció el 2 de enero de 1947 en Pittsburgh, Pensilvania.

El padre de Josh deseaba dar a sus hijos un mejor nivel de vida, por tal razón se mudó con su familia a Pittsburgh donde Josh creció. Gibson siempre mantuvo que el regalo más grande que su padre le dio, fue el haberle permitido crecer en Pittsburgh.

Un atleta excepcional, ganó medallas en natación antes de cambiar por completo su atención al béisbol. A los 16 años de edad, trabajaba en una fábrica de frenos de aire y ya era estrella de los equipos amateurs de béisbol.

Josh estaba jugando pelota semi profesional en 1929. En una ocasión estaba en calidad de aficionado viendo un juego de los Grises de Hemestead, cuando el cátcher se lastimó un dedo que le impidió seguir en el juego.

Los Grises invitaron a Gibson, quien ya había adquirido cierta fama por sus largos batazos, salió de las gradas y se puso un uniforme de los Grises.

Al paso de dos años ya estaba convertido en la más grande estrella del equipo.


 Apenas en sus 20s, Gibson ya bateaba alrededor de 70 cuadrangulares por temporada.

De los Grises cambió a los Crawfords de Pittsburgh en 1932 en donde fue catcher de Satchel Paige durante las siguientes cinco temporadas.

Gibson siempre había sido un catcher, pero él no se había pulido en cuanto a su defensiva durante las primeras etapas de su carrera.

Puesto que jugó más de 200 juegos al año, entre los Estados Unidos, México y República Dominicana, pronto llegó a ser un jugador veterano. Walter Johnson, el gran velocista de aquellos tiempos, dijo que Gibson era mejor que Bill Dickey, catcher de los Yankees y catalogado como uno de los mejores de todos los tiempos, sólo que Dickey era blanco y Gibson no.

Johnson a quien le apodaban “el Gran Tren”, decía que Gibson catcheaba tan bien que hasta podía hacerlo sentado en una silla giratoria. Roy Campanella dijo a su vez que Josh Gibson “no solamente fue el mejor catcher, sino que fue el mejor jugador que jamás vi”.

Gibson conectó batazos en parques de Grandes Ligas que los jugadores blancos jamás soñaron en conectar. A Josh se le acredita como el único ser humano en haber sacado la pelota del estadio de los Yankees y haberla enviado a la calle y su batazo más largo se calcula entre los 575 y 700 pies.

Sus estadísticas como jugador son inciertas, pero aún los cálculos más conservadores lo colocan como el más grande jonronero de toda la historia del béisbol con una cantidad que oscila entre los 800 y 950 home runs.



Dependiendo de la fuente en la que se investigue, el porcentaje de bateo de por vida de Gibson en las Ligas Negras va desde los .354 a los .440. Contra equipos de Ligas Mayores, en 16 juegos de exhibición, Gibson bateó para .424 con cinco cuadrangulares.

Gibson regresó a los Grays en 1936, pero comenzó a sufrir de fuertes dolores de cabeza y comenzó a beber más de la cuenta. Buscando una cura para sus dolores, le fue diagnosticado la presencia de un tumor cerebral. Falleció en 1947 a la edad de 35 años de edad, después que Jackie Robinson jugara su primer juego con Montreal en el sistema de sucursales de los Dodgers de Brooklyn.

En México se le vio jugar para los Azules de Veracruz de Jorge Pasquel en 1940 y 1941 y durante esas dos temporadas participó en 116 juegos, con promedio de bateo de .393, producto de 177 hits en 450 veces al bat.

En nuestro país conectó 44 home runs. Fue electo al Salón de la Fama de Cooperstown en 1972, siendo apenas el segundo jugador de las Ligas Negras en ser electo a dicho Salón, también pertenece al Salón de la Fama del béisbol mexicano.

Basado en el libro de: “Hall of Fame Players” “Cooperstown”.

Con datos de la Enciclopedia del Béisbol Mexicano de Pedro Treto.

                                                                                                                                             barriosbecerra@prodigy.net.mx