domingo, 6 de noviembre de 2016

GARCÍA VILLA Y RODRÍGUEZ CANDILA

JUAN ANTONIO GARCÍA VILLA:


Hace alrededor de una docena de años, la Universidad de Bristol realizó un amplísimo estudio sobre la emoción en los deportes. Lo hizo sobre cinco disciplinas, a saber: futbol americano, soccer, básquet bol, hockey sobre hielo y beisbol. Y luego de analizar, sobre la base del modelo elaborado al efecto, las emociones en 600 mil encuentros en promedio en cada uno de estos deportes, llegó a la conclusión de que ninguno como el beisbol proporciona ese sentimiento humano tan agradable que es la emoción.

Por ello, es una verdadera lástima que un alto porcentaje de la población en el mundo y en nuestro país, no lo sepa. Y también que desconozca cómo se juega el beisbol y cuáles son sus fundamentos. Plena vigencia tiene aquí ese olvidado principio y verdad de a kilo que reza: “nadie puede querer lo que  no conoce”.

En la más reciente Serie Mundial, SM, que acaba de concluir, entre Cachorros de Chicago e Indios de Cleveland, un buen número de quienes en México conocen bien la alta emotividad que brinda el beisbol como espectáculo, esta vez se acordaron de ello. Quizá tal interés ahora obedeció al morbo suscitado por las llamadas maldiciones que ambos equipos contendientes arrastraban. Chicago la de la Cabra desde 1945 y Cleveland la de Colavito desde 1960.

Sin duda habría sido mucho mayor el interés en nuestro país de haber tenido participación uno o más mexicanos en la SM. Pero no fue así. Como tampoco el año pasado. En 2015 siete compatriotas llegaron hasta la postemporada y nueve en 2016. Pero ninguno estuvo en la SM. Y en contraste ¡increíble! sí brasileños. Inconcebible, al menos hasta hace algunos años.

A lo largo de la historia de 112 Series Mundiales, sólo veinte mexicanos han participado en éstas, incluido un par de no nacidos en territorio nacional, pero que son y se sienten mexicanos: Joel Zumaya y Sergio Romo. De Sergio Mitre no sé cuál sea su estatus, por ello no está incluido en los veinte.

Del total, trece han sido lanzadores y siete jugadores de posición. Desde otro ángulo, catorce estuvieron con el equipo que ganó la SM y seis con el que la perdió. Por otra parte, quince sí vieron acción en la Serie y cinco no. Sólo uno, Sergio Romo, ha estado en más de una SM, en tres, y siempre con el equipo que la ganó: Gigantes de San Francisco.

Por orden alfabético, los veinte son: Alfredo Aceves, Alfredo Amézaga, Beto Ávila (el primero, en 1954), Jorge Cantú, Erubiel Durazo, Jaime García, Karim García, Benjamín Gil, Aurelio López, Isidro Monge, Jorge Orta, Ramiro Peña, Horacio Piña, Armando Reynoso, Aurelio Rodríguez, Enrique Romo, Sergio Romo, Fernando Salas, Fernando Valenzuela y Joel Zumaya.

Pues bien, si en los dos últimos años no ha habido mexicanos en SM, brasileños sí. El año pasado Paulo Orlando, jardinero derecho con los Reales de Kansas City y en este 2016 Yan Gomes, receptor de los Indios de Cleveland. Ambos originarios de Sao Paulo. 

Si en México se otorgara mayor atención al beisbol y apoyo a quienes profesionalmente lo pueden practicar, tendríamos a numerosos compatriotas, como se dice, en el mejor beisbol del mundo.

CARLOS RODRÍGUEZ CANDILA:

Primero y como siempre, buena columna y el detallazo de Rizzo al guardarse la pelota del último out de ese machuconcito a la tercera que Bryant, además conforme avanzó y recogÍa la pelota, ya mostraba una sonrisa y alegría como imagen y muestra de que ya con eso eran los campeones, observad los videos.

Segundo: Reitero por si no te llegó, nuestras felicitaciones  de Magdalena y mías por el trigésimo octavo  aniversario del matrimonio con la gran Señora Griselda; un abrazo  para ambos con todo afecto y cariño.

Tercero: La corrección  que hago y no recuerdo de todo el texto, quizá fue un error cuando extracto número 4 de tu análisis  en esta columna es  acerca  del fallido squezze play pues solo había un out y no dos como aparece en esta columna. 

El apunte que considero mala estrategia por parte de Maddon fue que con dos strikes todavía quizo sorprender  con inusitada jugada empatado el juego, un out y corredor en tercera base que podía anotar con un fly  a jardín exterior o bien un hit. 

El bateador estaba ya a merced de fracasar, como sucedió, teniendo en la novena entrada la carrera que los coronaba,pero la antítesis o quizá buscando el factor sorpresa fracasó y llevó a extra innings que por supuesto nosotros aficionados y espectadores generó tensión sobre todo por lo último que agrego como observación personal y es:


Cuarto:  Siempre y con excelencia de buen pitcheo del abridor Hendricks  con ventaja 3 carreras en el marcador  lo releva privándolo de poder ser el ganador del juego como igual hizo con Lester en la octava relevarlo para poner  a Aroldis Chapman aun con ventaja de 2 carreras en la octava sin más apremio y al cual le empataron que llevó a 10 entradas  y a punto de perder de la serie porque no tanto su gran capacidad el día anterior había hecho muchos lanzamientos (40 si no me equivoco) y sin lo que justifica el cambio de pitcher por un cerrador de tal altura con su titubeante o cansado o lo que el pánico escénico también es factor  permitió empate  y puso en peligro el título logrado por la ofensiva-defensiva que concluyeron lo exhibido en temporada regular y juegos  de play off y además lo sorprendente resultar Chapman el pitcher ganador del juego y la serie final llamada mundial aun siendo un torneo propio de EUA con la excepción de que un equipo Los Azulejos de Toronto son extra fronteras de EUA , mas no demerita que serie mundial y las ligas mayores  reúne lo mejor de béisbol universal.

Es todo, y sigan festejando familia Rubio-Guzmán  su 38 aniversario  como los aficionados de Chicago Cubs lo seguirán haciendo. Se lo merecían y además las valiosas opiniones  de amigos contribuyen para enriquecer tus páginas excelentes.


Gracias y un abrazo.

jueves, 3 de noviembre de 2016

DARIÉN MEDINA Y EL CLÁSICO OTOÑAL...

La wifi, la serie mundial y una maldición

Por: Darien Medina Bonilla
  


No sé si era ese deseo enorme de volver a sentir vivo mi amor por el béisbol  o una leve saturación de goles y más goles en mi cabeza y en todo mi cuerpo, que salí a buscarme un amor para octubre y que terminó en una madrugada de noviembre sentado en un parque con las manos heladas, la piel erizada y una maldición rota.

Esto de las Grandes Ligas me parece un monstruo tan grande y tan alejado de mi acceso a la información que mi seguimiento durante toda la temporada viene a tomar verdadera seriedad cuando llega la postemporada y me ilusiono con que mis Cardenales levanten vuelo hasta atrapar un anillo, pero siento que me pierdo mucho si solo me pinto de rojo y entonces decido simplemente disfrutar del béisbol y punto, pero al final te das cuenta que eso de andar solo para disfrutar sin tomar partida del juego es bien aburrido, tanto como la música reguetonera de mis vecinos, y alguien al final se va robando trocitos de ti y se te va colando, como solo ocurre en octubre.


Me pasó con unos cachorros maldecidos por un viejo señor ya hace muchos años, una maldición tan larga como la distancia entre mi isla y el béisbol de la Grandes Ligas, una distancia que se multiplica gracias a nuestra tv, que piensa que tanta sed de béisbol de buen nivel se puede sacear con resúmenes editados de 2 minutos una vez al día, y nada más.

Y se me hace una cola enorme de llamadas cada noche de amigos, que no tienen la llave para abrir una puerta que le enseñe al menos una noche 9 inning de pasión, porque no pueden conciliar su sueño si no saben qué ha pasado, y ahí estoy yo frente a mi pc leyendo textos que describen jugadas o tablas de anotaciones en vivo que me ayudan a inventarme un estadio, un ambiente, es como leer un libro y desatar tu imaginación, cada cubano tiene en su mente a sus Grandes Ligas.

Pero hay noches en las que la imaginación no basta, que necesitas sentir, ver, vivir, porque tienes el presentimiento de que habrá historia y quieres ser parte de ella, y te buscas un móvil, vas a tu ahorros y te lanzas a comprar par de horas de internet wifi sabiendo que tu bolsillo se lo va sentir en lo más profundo de su alma que al mismo tiempo es la tuya.

Es la última noche, en casa, una primitiva conexión a internet me ayuda a seguir en esas tablas repletas de números fríos, y no hacen más que llenarte de nervios, ansiedad, desespero, quieres esperas más para irte con tus horas de internet y un par de amigos a ver en una pantallita lo que parece ser las últimas horas de una jodida maldición.


Y me enfrío cuando aparecen dos números 6 en la pantalla, ahí sigue la cabra y su maldición, ya son dos maldiciones me aparece otra, la de internet, esa me la he inventado yo, pero créeme que existe tengo hechos fehacientes que lo demuestran hay una maldición de internet: no aparece cuando la necesitas (al menos para mí).


Empate, la conexión que viene y va en un parque que comienza a quedarse solo, con un frío que no entraba en mis pronósticos meteorológicos, y esta wifi que solo llega cuando ella entiende, y la hicimos entender, en medio de la lluvia de Cleveland, llegó ella, pausa larga que nos llevó a la madrugada y a vivir la historia en imágenes ligadas con nervios y esa primera sensación con 28 años de que mis ojos disfrutasen por primera vez en vivo una Serie Mundial, ya sabemos la magia de la primera vez y no vale la pena reescribirla otra vez.